Tejiendo el futuro de los artesanos; Someone Somewhere

Tejiendo el futuro de los artesanos; Someone Somewhere

La pobreza es una problemática con la que convivimos a diario en todos los rincones del mundo. México no es la excepción. Esta realidad se ha logrado consolidar, en todos los niveles de la población, como una necesidad a atender mediante proyectos, actividades e ideas. José Antonio Nuño es uno de esos jóvenes que ha emprendido estas tres premisas. 

Ha dedicado sus esfuerzos a trabajar para mejorar la calidad de vida de los pobladores de varias comunidades del país con Someone Somewhere, la empresa mexicana que nos conecta con los miles de artesanos mexicanos en condiciones vulnerables, a través de sus productos.

¿La finalidad? Impulsar su desarrollo y contribuir al bienestar de las familias que viven de esta actividad artística. José Antonio Nuño tiene 26 años y es el cofundador y CEO de Someone Somewhere.

Estudió en el Colegio Miraflores de la Ciudad de México y terminó Ingeniería industrial en el Tecnológico de Monterrey.

Desde pequeño fue consciente de la pobreza urbana en México. A los 15 años asistió como voluntario a las zonas rurales. Allí fue cuando entendió que el panorama de este problema social es mucho mayor de lo que pensaba.

“La primera vez que fui a las comunidades hubo un clic. Me dije: ‘Tengo que hacer algo aquí’. No sabía cuándo, pero supe que en algún momento me dedicaría a tratar de cambiarlo. No puedo vivir en un mundo en el que esto pase cuando a mí me tocó la suerte de no tener este tipo de problemas”, reflexionó José Antonio.

Junto con quienes ahora son sus socios, Nuño continuaba como voluntario en estados como Hidalgo, Puebla y Chiapas. Primero con la escuela y luego con organizaciones de voluntariado.

Así tuvieron contacto con la gente y comenzaron a enterarse de las actividades económicas de la población. Éstas se distribuyen, en su mayoría, en el campo para los hombres y trabajo artesanal para las mujeres, quienes a la vez realizan sus tareas en el hogar y al cuidado de los hijos.

La puesta en acción

Después del segundo año de su carrera, el equipo fundador de Someone Somewhere comenzó a sentir la inquietud de actuar con mayor impacto, además de hacer voluntariado.

“Nos empezó a pegar muy fuerte la idea de que nos íbamos de la comunidad y no cambiábamos realmente algo. Los que cambiábamos éramos nosotros”, recuerda José Antonio.

Con ello empezó un proceso de investigación sobre las causas de la pobreza y los principales problemas por resolver para enfocarse en alguno de ellos; detectaron que existían muchas carencias en los sectores de salud y educación.

Pero casi siempre identificaron a la pobreza como la raíz de la situación. Según cuenta Nuño, el campo ya contaba con proyectos de apoyo.

En cambio, encontraron un sector descuidado: las mujeres, quienes en su mayoría se dedican a la artesanía.

El arranque con Flor de Mayo

Cuando el equipo fundador estaba en cuarto semestre de la universidad, empezó una marca que se llamaba Flor de Mayo. Con ésta pretendían combinar unas camisas que estaban de moda en ese tiempo, con tejidos de cinco artesanas que ya conocían.

Para ese entonces, los clientes eran parte de la familia, los amigos y la comunidad universitaria. Aunque el producto era más utilitario, José Antonio confiesa que no era el “súper diseño”. 

Pero con este proyecto piloto, se dieron cuenta de que a la gente le gustaba mucho la idea de usar artesanía y causar impacto con una prenda o accesorio que pudieran utilizar todos los días.

Mientras Flor de Mayo seguía moviéndose, su equipo fundador se dividía en actividades de intercambio. José Antonio hizo sus prácticas de investigación en Suiza, en Cemex; dedicada a las ideas y diseños en el sistema de construcción.

Allí fue testigo de la fuerza que tienen las empresas para generar cambios. Luego entró a McKinsey, una consultora de negocios del sector social.

En este lugar se involucró en temas de educación e impacto en general desde la Ciudad de México. Por último, viajó de intercambio para trabajar en Social Ventures Australia, un fondo de inversión de impacto, donde estuvo en contacto con el mundo de las startups y el camino que tendrían que recorrer.

Y llegaron las inversiones

El primer reconocimiento que obtuvieron fue el Premio al Estudiante Emprendedor.

“Esto fue un impulso muy bueno. Empresarios muy grandes veían el potencial. Nos decían que debíamos meternos de lleno a hacerlo”, contó Nuño. 

Seguido a esto, ganaron el premio Eugenio Garza Sada, otorgado por el Tecnológico de Monterrey en la categoría estudiantil; recibieron 100 mil pesos.

En el intento por crecer la idea, entraron a Unreasonable Institute, la mayor aceleradora de alto impacto del mundo con sede en Denver, Estados Unidos.

A punto de terminar su carrera en el Tec de Monterrey, José Antonio dividió su último semestre en dos, y con el apoyo de la universidad, pudo hacer parte de este nuevo paso para su empresa.

Unreasonable Institute los ayudó a estructurar el concepto y a entender mejor el problema.

“Ahora sabemos que en México hay 10 millones de artesanos; de éstos, 7 millones viven en pobreza o pobreza extrema”, mencionó José Antonio al mismo tiempo que agregó que en este punto hicieron su primer pivote: cambiar el diseño de camisas para acercarlo al mercado millennial que está en búsqueda de temas con impacto.

Después de muchas mentorías, hicieron el nuevo diseño de las playeras blancas con un bolsillo hecho con tejido artesanal.

“Uno de nuestros mentores fue el inventor de los Google Glasses. Él nos decía: “En vez de romperse la cabeza, hagan 100 playeras y traten de venderlas. Sólo así sabrán si funciona o no”, recuerda emocionado Nuño. De esta manera llegó la primera producción, se fue como “pan caliente”.

¡Ahora en grande!

Después de una gran oferta de compra por parte de una tienda departamental, el equipo decidió invertir todo lo que tenían (y lo que no), en crear una colección especial para ellos.

De este proyecto no resultaría sólo una buena venta, sino que tenían detrás a unos inversores de Promotora que, después de realizar la orden de compra, querían invertir en la marca.

Cuando llegaron a presentar la colección a la tienda departamental, les anunciaron que su marca era “demasiado innovadora” para sus clientes.

José Antonio recuerda que salieron casi llorando del sitio. Pero la desmotivación les duró poco. Armaron un plan más ambicioso para la junta que tendrían al día siguiente con Promotora Social México.

En la junta anunciaron a los inversores que no había orden de compra, y que con el nuevo plan, iban a necesitar el triple de dinero que inicialmente pretendían invertir.

Después de hablar una hora, a los inversores les gustó mucho más esta idea. Dijeron: “¡Que se haga!”.

La inversión fue de 2 millones y medio, y junto con una convocatoria del INADEM en la que habían ganado otro millón de pesos, contrataron a un equipo de diseño y marketing.

Con esto lograron entrar a más comunidades y lanzaron la marca en Kickstarter. Para 2016 se posicionaron como la tercera campaña más fondeada en la historia de Kickstarter México, con un poco más de 1 millón de pesos.

Fotografía tomada por Alejandro Villalobos

Errores para crecer

Todo va viento en popa para Someone Somewhere. Las ventas han crecido y los pedidos se extienden a 32 países diferentes; con la gran demanda, llega la escasez en el inventario que no fue bien calculado en esta temporada.

Entrevistas iban y venían. Invitaciones de Liverpool y el Palacio de Hierro para vender en sus tiendas.

Los emprendedores estaban en la cima, pero las quejas en su sitio online tampoco paraban: “Su tienda está más vacía que un Oxxo de provincia”, les llegaron a decir en los comentarios. El momento de buscar una nueva inversión había llegado, y como han de saber muchos, conseguir una inversión no es tarea fácil.

Luego de encontrarla, hacerla efectiva no es asunto inmediato, principalmente por el tema legal y de papeleo.

“Para hacer la siguiente producción grande necesitábamos mucho más dinero. Le presenté, por todos lados, a 135 inversionistas. Fui a Finlandia, Estados Unidos, ¡a todas partes!”, relató José Antonio.

Promotora volvió a invertir en Someone Somewhere.  A ellos se unieron GBM y Unreasonable Capital. Sin duda se trataba de una ronda más grande. Todo, aunque gran parte de 2017 había permeado la frustraciones por la ausencia de inventario.

Aunque les tomó más tiempo, lograron estructurar la empresa para que no volviera a suceder una experiencia igual.

Con la nueva inversión, que entró en agosto del año anterior, en noviembre abrieron la primera tienda en físico en Mazarik, en la Ciudad de México. La combinación de tienda física y las ventas online acrecentaron las ventas un 200%.

Actualmente cuentan con una nueva tienda en la colonia Roma.

Tejer al mundo de colores

Los planes para este año son ambiciosos. En México se espera aumentar el número de visitantes a la página y fortalecer la presencia física de la marca con pop-ups que les ayude a probar los lugares antes de abrir una tienda fija.

Además, lanzarán la línea completa para mujeres, celulares y computadoras.

El siguiente paso para Someone Somewhere es entrar al mercado de Estados Unidos con una pop-up en Los Ángeles. Se está analizando la posibilidad de entrar a Colombia para la producción de trajes de baño.

El trabajo de los artesanos en México se entreteje con las aspiraciones de José Antonio, Enrique y Fátima: crear el más hermoso tejido, un México con menos pobreza en las comunidades rurales y más artesanías llenas de color en las calles de las ciudades del mundo.

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