Támpere, la ciudad de la eterna felicidad

No es el imponente Berlín. Tampoco el humilde Madrid. Menos la monumental Roma. Pero sí que tiene un poco de cada uno. Finlandia es uno de los países, discretamente a voces, más desarrollados del mundo.

Sin ánimos de presunción alguna. Sin intereses por ser más o menos que algún otro, se podría decir que Támpere es la tierra donde cualquier dios, o quien quisiera serlo por un momento, desearía morir allí. Entre sus lagos e inmensa vegetación.

Marzo es ideal para visitarlo. El invierno nórdico –matizo esto último porque allí jamás hará calor– está de salida para recibir la primavera de constantes 8o C – 14o C.

Bajas del avión en el aeropuerto Tampere-Pirkkala. Sales y lo primero que te encontrarás es verde sobre verde. Más verde y después un lago. Un aspiracional lago. Huele a primer mundo.

Vivir entre la no-monotonía

Te hospedas. El centro es lo más recomendable (cerca de las estatuas de Hämensilta). De allí te podrás desplazar a donde sea. Desayunas un café, de cualquier tipo. Con la sensación de frío que siempre impera en la llamada ciudad de los lagos, tu cuerpo lo agradecerá.

Aquí el plus es comerte un tiramisú, cheescake, o tarta de cualquier fruta. ¡Están para morirse! La fruta, totalmente fresca y ese pan recién horneado, dejarán satisfecho a tu paladar por un buen rato.

El tour puede empezar por lo más tradicional. Puedes echar la mañana visitando uno de los lugares más emblemáticos de Támpere: la iglesia ortodoxa. Lo interesante en este sitio serán las pinturas de Haavoittunutenkeli.

Pero no te asustes al ver a dos campesinos cargando a un ángel con los ojos vendados. Menos a la muerte regando las plantas. Si lees la historia de la iglesia ortodoxa finlandesa, entenderás el porqué de toda esta inmersión sociocultural y religiosa: los finlandeses, en su mayoría, son luteranos. Así te llegará la tarde.

Se ha llegado el momento de comer. Si vas con la idea de economizar, Finlandia jamás será la opción. Una comida te costará, mínimo, 25 euros. Al menos que desees probar fast food, que por menos de 8 euros no podrás obtener ni un hot dog.

El must del primer recorrido gastronómico debe ser dando un placebo marinero con el típico y auténtico caviar (color anaranjado), o bien, salmón sueco.

Este último se convierte en tradicional de Finlandia cuando echamos un vistazo a su historia: este país nórdico fue intervenido por los suecos y rusos históricamente. Por ello, en algunas partes será fácil encontrar anuncios en los tres idiomas.

Ya para rematar la el día, puedes ir al Solo Sokos Hotel Torni Tampere. Se trata del más alto de la ciudad. Desde allí podrás ver prácticamente una panorámica de lo que implica ser y estar en este sitio, fundado por el rey Gustavo III de Suecia en 1779.

Desde allí tendrás la posibilidad de apreciar los dos lagos que lo enmarcan: Näsijärvi y Pyhäjärvi. Como la noche de hospedaje en este hotel cuesta al menos 200 euros, la opción estaría en bajar y acercarte a uno de los lagos.

La tarde que verás caer seguramente jamás la volverás a ver. La fotografía es de aquéllas que nos pintan como perfectas: niños jugando, señores pescando, familias enteras haciendo pícnic. Una que otra pareja consumando su amor con un beso frente aquella tarde de aguas frías y cristalinas –de ningún color, simplemente transparentes–.

En medio de una vegetación extrema, fores de colores inexplicables, y fauna silvestre inofensiva, paradójicamente esto último existe allí. Vuelve a tu centro de descanso. La excursión apenas inicia.

El sitio de la infinita felicidad

Dependiendo de los días que desees estar (no recomiendo más de cuatro), Támpere siempre dará para más. La ciudad es pequeña, pero por los inesperados días de lluvia, frío, o ambas, tendrás que acortar los itinerarios o ir modifcándolos.

Recuerda que en marzo ya hay más horas de día que de oscuridad. Posterior a otro suculento desayuno, ya sea con café y chocolate más el respectivo bizcocho, arráncate con la excursión.

Tampella, la fábrica más famosa de Támpere (construida entre 1910 y 1920), además de mostrarte cómo se convierte el agua en energía, unos minilagos donde se pueden ver casi las entrañas de los peces que andan por allí, por 10 euros te dejarán pasar a las muestras sobre hockey (deporte típico del país), un museo de muñecas, otro de minerales, el postal, entre otros.

La experiencia valdrá realmente la pena. Para tener un panorama de lo que ha sido, es y por qué será Finlandia tan soñada –por ende Támpere–, tienes que visitar el Museo de Lenin. Se trata del acercamiento histórico más extraordinario y que darán razón de por qué este país es tan fuerte, en todos los sentidos.

Vaya que hay que echar siempre un vistazo al pasado para comprender los presentes y evitar errores en el futuro. Este país nórdico es el vivo ejemplo de cómo llevarlo a cabo. Sin alejarse de lo histórico, pero con una proximidad más mágica, pásate por el Muumimuseo.

En este recinto encontrarás maquetas acompañadas de audios en fnés e inglés. Allí se cuentan las historias que la escritora e ilustradora Tove Jansson creó desde los años 50. De manera literaria e imaginaria entenderás la filosofía nórdica: “hay cosas que no necesitan embellecer.

El bienestar es bello en sí”, mamá de Mumintroll en El sombrero mágico. Sin duda alguna, Támpere da para más. Este pequeño recorrido no es más que la conceptualización del verdadero primer mundo.

No el de las mejores tecnologías. No el del mayor capital. Simplemente el de la verdadera y eterna felicidad.

Un must de Támpere

Aunque suene banal y caprichoso, definitivamente no lo es. Ya que te hayas contagiado del misticismo, la espiritualidad, la “anti-frivolidad” y la vibra natural de Támpere, ¡Tómate una foto junto a un abedul llorón!

Es el árbol típico de Finlandia. Su llamativa corteza blanca, sus frondosas hojas verdes y la elegancia con la que se inclinan sus ramas, es tal vez el más bello de los árboles oriundos de los bosques finlandeses. En 1988 fue declarado vencedor en las votaciones para elegir el árbol nacional.

Además de la madera, de su savia se obtiene una sana bebida, rica en minerales. La corteza se ha usado para fabricar desde tejados, pasando por cestas, incluso zapatos.

Las ramas más frescas y frondosas de los abedules más jóvenes sirven para elaborar unos estupendos haces, normalmente se utilizan para darse y dar terapéuticas azotainas durante el sauna.

Para señalar el solsticio de verano y continuando con una antiquísima tradición, muchos finlandeses colocan dos retoños de abedul a ambos lados de la puerta de su casa o de su cabaña de verano.

Además, son innumerables los viejos filmes finlandeses en los que una doncella rubia se apoya de manera encantadora en el tronco de un abedul, siempre con el pintoresco paisaje de un lago como fondo, naturalmente.