Sobre los falsos entendidos, aceptar el riesgo y la bancarrota. Parte 1

través de la experiencia que he podido ganar trabajando en el mundo corporativo, y luego en el mundo emprendedor, tengo claro que uno de los aspectos en que se diferencian notablemente es en el proceso de evaluación de riesgos y toma de decisiones.

Mi misión es transmitir conocimiento a otros para hacer mejor sus vidas. No solamente desde un punto de vista académico, sino desde la vida real, por lo que trataré de ilustrarles con un ejemplo que acaba de ocurrirme recientemente, lo relacionado a toma de decisiones y evaluación de riesgos en el mundo emprendedor.

Junto a dos amigos, decidimos formar una compañía comercializadora de productos (no puedo entrar en detalles por ahora) con un esquema similar al de una franquicia, pero sin serlo realmente. Luego de analizar la oportunidad a detalle, decidimos avanzar, a sabiendas de que existía el riesgo del poco conocimiento del sistema de comercialización de la industria donde entrábamos.

Como factor mitigador del riesgo, contábamos con ayuda que nos brindaría nuestro proveedor. Lo interesante entonces era que podríamos aprender un nuevo negocio y crecer haciendo dinero, pero con un riesgo acotado.

Mientras armábamos formalmente la sociedad, nos abocamos a la búsqueda de nuestro primer punto de venta físico. Seguramente habrán oído que en inversiones inmobiliarias hay tres cosas importantes: ubicación, ubicación y ubicación. Pues en la selección de un local comercial es exactamente igual.

Encontramos una zona interesante a partir de los datos socioeconómicos de consumidores de nuestro proveedor.

Luego de conseguir un local que reunía las características físicas que habíamos definido, vino el tema del contrato de arrendamiento. Uno de los socios recibió el contrato, quien le dijo que “era una mera formalidad”.

Este socio quería firmarlo de inmediato: ¡no podíamos perder la oportunidad! Un local con las características buscadas y a muy buen precio… ¿Analizar el contrato? ¿Para que? Era una mera formalidad…

Primera lección: jamás tomen un contrato como una mera formalidad. Éste debe ser el marco de referencia bajo el cual reglar una relación entre partes cuando ocurre cualquier desavenencia, o bien, surge un evento no esperado.

Cuando analicé el contrato, era lo más leonino que pudieran imaginarse… y les aseguro que he visto y discutido contratos durísimos en mi vida, en especial en Estados Unidos. Debí cambiarlo y hacerlo más equitativo.

Como comentario al margen, por la “mera formalidad” el arrendador se tomó más de una semana en analizarlo, finalmente aceptó la versión corregida.

El riesgo de un contrato leonino a plazo forzoso había sido eliminado. ¿Qué nos hubiera significado? La imposibilidad de salir del mismo si teníamos cualquier traspié y pagar multas altísimas, con posibilidad de un juicio en ciernes con responsabilidad ilimitada.

Mientras aguardábamos novedades contractuales, nuestro proveedor fue a visitar el local todos los días a distintos horarios, su conclusión fue que no tenía suficiente flujo de gente debido a su ubicación.

Debíamos encontrar otro sitio dentro de la misma zona, a una buena distancia de donde lo habíamos encontrado. Ese trabajo del proveedor que deberíamos haber hecho nosotros, era como una bendición celestial que nos evitaba cometer un error caro y letal: quedarnos sin ventas pese a cualquier acción.

Segunda lección: la importancia de planificar todas las tareas a realizar. Pero de esto les hablaré en la siguiente entrega.