Que la zona de confort sea nuestro único miedo - Klika

Que la zona de confort sea nuestro único miedo

Le damos más cabida a lo malo. ¿Qué pasaría si siempre decimos escoger las buenas posibilidades? ¿Qué pasaría si siempre le diéramos cabida a todo lo bueno que nos podría traer perseguir lo que realmente queremos conseguir? Hay que salir de nuestra zona de confort. 

“Si quieres que se cumplan tus sueños, no debes quedarte dormido” (Proverbio Judío).

 

¿Cuántas cosas hemos dejado de hacer? ¿Cuántas metas deseamos conseguir, pero no luchamos por ellas? La mayoría de las veces no nos atrevemos a ir más allá –donde están nuestros sueños y pasiones–, porque nos atemorizamos y nos quedamos en nuestra zona de confort: ese lugar donde decidimos permanecer porque, aunque no estemos realmente felices, nos sentimos cómodos.

Nos quedamos estancados por nuestros miedos. Por el terror que representa lo desconocido. Nos decimos a nosotros mismos todas las posibilidades negativas que podrían suceder si nos atrevemos a salir a buscar lo que realmente anhelamos o necesitamos.

Tendemos a ver los cambios como problemas

Por nuestra propia naturaleza humana rechazamos los cambios. No estamos habituados a ellos. Tendemos a ver los cambios como problemas.

Crecemos con hábitos que vamos aprendiendo desde pequeños y nos adecuamos a ellos: vivimos entre rutinas y patrones.

Cuando aparece algún quiebre a esas repeticiones, nos vemos angustiados y afectados porque hay una alteración a nuestra “comodidad”. Nos genera tensión, estrés y miedo.

Nacemos sin información, sin paradigmas. Siendo libres para actuar. Nada nos limita: gritamos y lloramos sin penas. No tenemos conocimientos del peligro; del bien y el mal. No tenemos juicios.

Vamos creciendo y nuestros padres, maestros y la sociedad en general, nos van inculcando patrones, hábitos y costumbres.

Éstos también los vamos tomando por nuestra propia experiencia en la vida. Vamos introduciendo a nuestro mapa mental todo un sistema de creencias que van limitando nuestros pensamientos y acciones.

Zona de confort, las dos creencias

Las dividiría en dos partes: unas muy buenas y positivas para la convivencia social y el bien común. Otras, como la fe y la trascendencia, nos dan sentido y propósito en la vida. Pero hay otras creencias, las limitantes, que son las que nos alejan de nuestros sueños.

Éstas nos crearon miedos: bien por malas experiencias, por aquello que nos han dicho sobre nosotros mismos o sobre la vida en general.

Éstas son la razón por la que nos resistimos al cambio. Son las que nos paralizan y nos dejan en la zona de conformidad.

La inteligencia está ligada copa la emoción

¿Qué son los miedos? Según la RAE: “angustia por un riesgo o daño real o imaginario. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea”.

De la definición podemos darnos cuenta de que nuestra inteligencia está directamente relacionada con esta emoción. Nosotros mismos podemos determinar si damos cabida o no al miedo.

Con la experiencia y el conocimiento podemos determinar si existe una posibilidad real de un daño. Y al mismo tiempo y muy peligroso, podemos hacer de algo irreal o imaginario. Una realidad para nosotros mismos.

Creamos en nuestra mente un futuro incierto catastrófico.

Damos más cabida a lo malo

Ahora bien, ¿qué sucede cuando soñamos con alcanzar alguna meta? ¿Qué sucede cuando nos damos cuenta de que no somos realmente felices en donde estamos?

Suceden muchas cosas en nuestra mente. Son mil opciones que aparecen en nuestro mapa mental sobre las posibilidades que podrían ocurrir si decidimos embarcarnos a otro rumbo.

Nos planteamos todo lo que podría suceder. Y sobretodo, porque la mente humana tiende a ello. Imaginamos catástrofes, dramas y conflictos. Un sinfín de cosas negativas que podrían sucedernos y nos paralizamos.

Le damos más cabida a lo malo. ¿Qué pasaría si siempre decimos escoger las buenas posibilidades? ¿Qué pasaría si siempre le diéramos cabida a todo lo bueno que nos podría traer perseguir lo que realmente queremos conseguir?

El pensamiento es acción. Es decir, nuestras acciones van determinadas por lo que nos decimos a nosotros mismos. Nos damos cuenta, así, de que nuestro diálogo interno tiene un gran poder en nuestra vida.

Todo lo que podría ocurrir y lo que nos deja de ocurrir –en su gran mayoría–, es consecuencia de nuestro pensamiento.

Si tan sólo nos hiciéramos plenamente conscientes de ello, nuestra vida cambiaría absolutamente. Somos dueños de lo que pensamos. De lo que nos queremos decir acerca de la vida, de nuestros sueños y de nuestros planes.

En nosotros está cambiar la idea del fracaso

No digo que todos los miedos sean imaginarios. Pero somos los responsables de determinar realmente si esos miedos son excusas, falsas ilusiones.

Qué sucedería si te dices a ti mismo que si llegases a fracasar, este fracaso será aprendizaje para conocer –con mayor certeza– qué caminos debes tomar.

Tenemos el poder de cambiar la forma en que vemos el fracaso o lo negativo. Si fracasamos, aprendemos. Nos llenamos de experiencia. Crecemos y tomamos cada vez mejores decisiones.

Podemos utilizar nuestro pensamiento para salir de nuestra zona de confort y dirigirnos a crecer, a intentar, a cambiar y conseguir nuestros sueños: lograr ser realmente felices.

La felicidad es un estado mental. Ésta depende del uso adecuado de nuestro diálogo interno.

De nuestra capacidad y decisión de ver la vida positiva y las posibilidades que tenemos para conseguir nuestras metas y nuestros propósitos.

Debemos hacernos responsables y conscientes de la importancia que tienen nuestros pensamientos. Trabajemos en modificarlos y dirigirlos hacia un rumbo de posibilidades y logros. En el que veamos el fracaso o los tropiezos como parte del crecimiento y la posibilidad de ser mejores.

La facilidad llega cuando salimos de nuestra zona de confort

Atrevámonos a construir nuestro propio destino y proyecto de vida que anhelamos. Salgamos de nuestra zona de confort, establezcamos estrategias y planes de acción para poder hacer un seguimiento y darle un sentido y un propósito a nuestra vida: que éste no sea otro… ¡que vivir nuestro sueño!

No lo dejes para mañana. Tenemos el poder de decidir lo que nos decimos. De dirigir nuestros pensamientos y convertirlos en acciones que nos lleven a conseguir lo que deseamos.

Preguntémonos hoy: ¿qué me digo a mí mismo sobre aquello que quiero hacer o conseguir?

La felicidad llega cuando salimos de nuestra zona de confort, rompemos paradigmas. Cambiamos la forma de ver las cosas. Decidimos actuar para alcanzar nuestras metas.

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