¿Por qué el incendio en Notre Dame pone a prueba la definición de “resiliencia”? - Klika

¿Por qué el incendio en Notre Dame pone a prueba la definición de “resiliencia”?

El incendio es el claro ejemplo de cómo siempre hay que asumir cuando no hay nada qué hacer, aprovechar los malos momentos, y redirigir el objetivo cuando se considere que es la mejor alternativa.

Si bien el incendio de la catedral de Notre Dame, en la capital francesa, es un hecho trágico, resulta ser un accidente que nadie pudo evitar.

No obstante, hay acciones que se ponen a prueba como la resiliencia: esa capacidad común entre los buenos emprendedores. En algún momento, nuestra columnista Catalina Gutiérrez la definió como “la capacidad de adaptación que tenemos los seres vivos frente a un estado o situación adversa.

“Es la capacidad para superar las circunstancias traumáticas, pero no necesariamente debemos vivir situaciones extremas para hacer uso de nuestro lado resiliente”.

De esta manera, el incendio de la catedral más famosa de París representa una de las metáforas más claras de cómo trabajar con la resiliencia. A continuación tres ejemplos:

1.- Cuando no hay nada qué hacer

Se trata de la catedral más emblemática de Francia. Incluso otros países como Alemania, han declarado que Notre Dame “constituye un ‘símbolo de Francia’ y de ‘nuestra cultura europea´”. No obstante, lo que todos tienen claro, tanto en el Viejo Continente como en el resto del mundo, es que nada se puede hacer. El accidente fue inevitable. Lo que ahora queda son sólo restos de un emblema que, si bien, en a partir de estos momentos podrá ser incluso visto con una especie de Acrópolis griega.

2.- Cuando hay que aprovechar los malos momentos

El fuego comenzó a las 6:50, hora local de París. Poco a poco fue consumiendo todo, incluso la aguja central. La catedral de Notre Dame es uno de los edificios más antiguos del mundo. Su edificación comenzó en el año 1163 y se terminó en el año 1345.

Hasta ahora, la pérdida es incalculable. Allí se han celebrado miles de acontecimientos destacados de la historia, como la coronación de Napoleón Bonaparte o la de Enrique VI de Inglaterra.

A pesar de todo esto, lo que está claro es que Notre Dame no dejará de tener afluencia. Incluso ahora más que antes. Porque quien la visitó, seguramente querrá volver a ver cómo es ahora. Y quien no lo ha hecho, probablemente irá lo antes posible. Estamos hablando, entonces, de una especie de Partenón indudablemente por visitar.

2.- Cuando hay que redirigir el objetivo

Aunque la II Guerra Mundial dejó sus estragos sobre Notre Dame, al romperse las vidrieras, que fueron rehechas tras finalizar el conflicto bélico siguiendo un modelo geométrico, en lugar de las antiguas escenas de la Biblia, nunca dejó de ser apta para recibir a miles de visitantes a diario. Tiene cabida para que 6 mil fieles tomen misa.

Es Patrimonio Mundial de la Humanidad desde 1991. Se encuentra ubicada en el número 6 de Parvis Notre-Dame, junto a la plaza Jean-Paul II. En el corazón parisino. Desde sus alturas se puede apreciar todo París, el Río Sena y la Torre Eiffel. Se pagan 7 euros (unos 150 pesos) por entrar y 30 euros (660 pesos) por un tour guiado.

Sin duda es un must para quien visite Francia. Pero, sin duda, de aquí a que se reestablezca el servicio, tendrá que suspender actividades. Esto representará una pérdida económica, tanto para el gobierno, como para la misma iglesia local.

Por tanto, el plan de acción tendrá que ser adaptar las zonas aptas para ser visitadas, y así evitar una derrama económica mayor.

Estos tres casos son, entonces, el claro ejemplo de cómo siempre hay que asumir cuando no hay nada qué hacer, aprovechar los malos momentos, y redirigir el objetivo cuando se considere que es la mejor alternativa. Y así, advertir cómo la resiliencia está totalmente echada a andar.

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