Neuschwanstein, la conjugación de ilusión, sombra y ficción

Neuschwanstein, la conjugación de ilusión, sombra y ficción

Es 13 de junio de 1886. Alemania está de luto. El castillo de Neuschwanstein, ubicado sobre el desfiladero de Pöllat, en los Alpes Bávaros; entre los lagos Alpsee y Schwan, se cubre con mantos fúnebres; pese a la magnifica vista que presume el verano con postales de ensueño. El rey Luis II de Baviera ha muerto.

Neuschwanstein es el emblema más fotografiado y uno de los más populares del país germano. Al año es visitado por más de 1.4 millones de personas de todo el mundo.

Aunque originalmente su nombre era Nuevo Castillo de Hohenschwangau, precisamente después de la muerte de su creador, el rey Luis II, cambió a la denominación que hoy conocemos.

Para hacer más expectante la llegada, puedes dar una vuelta por las ya bellezas que desencadena Füssen. Tendrás que andar por la pequeña plaza y apreciar las hermosas casas alpinas.

El sueño está por empezar. Después de esa pequeña parada, tomas el autobús y te diriges a Hohenschwangau; al arribar.

Ya sea que hayas comprado el ticket con antelación o lo adquieras allí, te estacionas a comer y beber lo que venden en los menos de tres negocios de comida. Arriba no ofrecen nada más que souvenirs.

De la fantasía a la otra fantasía

El recinto Neuschwanstein sirvió de inspiración a Walt Disney para crear el icónico castillo de la Bella Durmiente.

Ya en la realidad, la historia ha registrado que este castillo se construyó en la época en la que ya no era necesario construir fortalezas.

Simplemente nació de la imaginación de su creador como una fantasía romántica por crear un edificio medieval idealizado.

Llegar al castillo andando puede tardarte hasta una hora (es recomendable llevar calzado cómodo). El viaje con carruaje a caballo dura unos 10 minutos.

También hay un autobús que sale del Hotel Schlosshotel Lisl, en la calle Neuschwansteinstraße.

Su construcción es estratégica: se compone de torres y muros que pretendían armonizar con las montañas y los lagos (logrado con sobresaliente manera).

Su arquitectura logra combinar varios estilos: en su interior encontrarás múltiples piezas de artesanías, con constantes referencias a leyendas y personajes medievales como Tristán e Isolda o Fernando el Católico.

Está constituido por una completa red de luz eléctrica, el primer celular de la historia con una cobertura de seis metros, y una cocina que aprovechaba el calor siguiendo las reglas establecidas por Leonardo da Vinci.

Las ventanas tienen vistas a los Alpes Bávaros, más una cascada que Luis II podía apreciar desde su dormitorio.

Sea la ruta que tomes, llegarás a la placilla principal del castillo.

De ahí te darán el acceso al interior del castillo. Ya adentro podrás ver el Salón del Trono, donde Luis II intentó recrear una especie de basílica.

También hay acceso al comedor, a los aposentos del rey, a su antiguo vestidor, a su sala de estar, su despacho, la Sala de los Cantores (aquí albergan los murales que cuentan la leyenda de Parzifal); y finalmente la cocina. Sólo recuerda que hay sitios en los que no podrás hacer fotos.

Pero no hay de qué espantarse, lo mejor todavía está por llegar.

Tocando el cielo

Puedes romper el itinerario yendo más allá del Puente de María. Se trata de rodear el castillo, o bien, seguir el destino del autobús en caso de que decidas tomarlo.

Marienbrücke es un mirador ubicado en la parte superior de Neuschwanstein. Aunque la cola a veces te puede hacer tardar unos 20 minutos, merecerá la pena.

El también llamado Puente de María pasa sobre el río desencadenado de la cascada de Luis II. Desde allí se puede ver la perfecta y más conocida fotografía del castillo, y a lo lejos, el lago Schwan.

Si llevas el equipo necesario, o simplemente te gusta la aventura, puedes escalar la montaña que está del otro extremo del mirador y hacer fotos aún con una mejor panorámica.

Sentirás que incluso podrás tocar el cielo de tan limpio que está y tan alto que te hace llegar.

La cuesta abajo será igual de peculiar. Al descender de Neuschwanstein tendrás la sensación de que la experiencia ha terminado.

Percibirás que, en efecto, Luis II ha muerto hace 132 años porque todo mundo puede estar allí (evidentemente durante su reinado no era así).

Pero también tendrás la sensación de que los versos más bellos de Calderón de la Barca han revivido: “¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”, La vida es sueño.

Al marcharte, sólo verás cómo ilusión, sombra y ficción, pueden conjugarse en un solo espacio: Neuschwanstein.

El lago del cisne

El azul turquesa de Schwansee o lago del cisne se puede apreciar desde Neuschwanstein. Se trata de un lago alpino de Baviera.

Después de visitar el castillo puedes bajar a admirarlo, alquilar una lancha para recorrerlo durante un rato.

Ya si quieres apegarte más a las costumbres germánicas, en verano puedes darte un chapuzón y en invierno patinar sobre éste.

¿Cómo llegar a Neuschwanstein?

1.- Puedes contratar un tour desde München. De ahí te llevan directamente, explicándotelo todo, y sin perderse.

2.- Llegas a Füssen, a la estación del mismo nombre.

De ahí te subes a un autobús que te llevará hasta Hohenschwangau. Desde ese punto puedes arribar andando o carruaje a caballo.

Cualquiera de las dos experiencias serán casi mágicas.

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