Kiwi, la terminal donde todo empieza

Kiwi, la terminal donde todo empieza

Su cartera está compuesta desde la dueña de una cocina económica, hasta autoempleados.

La idea vino de Christian Sinobol. Él notó que muchas bancas estaban abriendo cuentas de débito, pero que en algún momento se quedaban vacías. Así hay millones.

La tarjeta, entonces, podía ser una buena forma de desarrollo económico”, contó Pablo Ize uno de los fundadores de Kiwi, la terminal de cobro para microempresarios.

Aunque el nacimiento de la startup se debe al planteamiento de Christian, se podría sumar la poca accesibilidad a los microcréditos:

“Como en los bancos piden muchos requisitos, que a los microempresarios les resulta complicado reunir, vimos la oportunidad de juntar estos dos mundos”, añadió Pablo.

La integración global

Los antecedentes de Kiwi no son como los que se conocen de la mayoría de startups, donde un grupo de amigos echa a andar su negocio. Christian es suizo. Gracias a un amigo conoció a Pablo.

“Primero me invitaron como consejero. Después de ocho meses levantamos una ronda. Esto hizo posible incluir a nuevos socios. Así me integré como fundador”, expresó Pablo .

Jorge Muhlia llegó después. Lo conocieron mediante unos amigos. “Estaba en Bansefi, pero quería incursionar en Fintech, así llegó a Kiwi”.

Al ser un proyecto, por su naturaleza incluyente, la startup suiza que tiene operaciones activas en México (en el país europeo sólo inversiones), cuenta con una cartera de clientes que van desde la jefa de casa que tiene su fonda, talleres, hasta clínicas veterinarias.

Todos con menos de cinco empleados, incluso con autoempleados.

Los microcréditos

Pablo asegura que, a través de los pagos, obtienen información de sus clientes. Esta base de datos les ayuda a determinar si otorgan un préstamo. “Si eres cliente Kiwi con antigüedad de tres meses, y nos dices el plazo de pago, para qué lo usarás; te prestamos.

Damos de 2 mil a 6 mil pesos con una comisión mensual de 4,5%”, concluyó Pablo, quien asegura que su objetivo no se ha salido de la brújula: “Para nosotros el pago no es un fin, sino es un medio”.

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