La importancia de las incubadoras de empresas en las universidades

Tienen como misión propiciar las condiciones favorables para el nacimiento y desarrollo de nuevas empresas. Son el “camino de cuota” al éxito de un negocio.

Con el verano llega también el término de un ciclo escolar universitario; después de un semestre de calificaciones complicadas, algunos alumnos reflexionan sobre su futuro profesional y se plantean como alternativa la creación de un negocio propio, el cual pueden iniciar con sus amigos de la carrera y con fondos obtenidos de las tres F´s (“Family, Friends and Fools”).

Todo suena muy bien y los involucrados en un proyecto de negocio aportan muchas ideas sobre el producto o servicio que los llevará a crear sus propios ingresos sin depender de un empleo. Sólo hay un pequeño detalle: todos son de la misma carrera y se han dado cuenta que necesitan de la ayuda de profesionistas de otras disciplinas para poder materializar esa idea de negocio.

Ante esta situación, cada vez más frecuente, la importancia de las incubadoras de empresas en las universidades cobra mayor relevancia, pues es el lugar apropiado para impulsar y encauzar los esfuerzos de emprendimiento en los jóvenes.

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La puesta en marcha de las empresas, requiere del cumplimiento del proceso administrativo; es decir, la planeación del negocio, la ejecución de actividades, el control de operaciones y la evaluación de resultados, y como en el caso mencionado, son sólo especialistas en algún campo del conocimiento en particular, requieren de la orientación de especialistas de otras áreas. Es aquí donde las incubadoras universitarias entran en acción, ya que tienen como misión propiciar las condiciones favorables para el nacimiento y desarrollo de nuevas empresas.

De acuerdo al Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem) las incubadoras universitarias se clasifican en dos: las básicas (como la que alberga la Universidad La Salle) y las de alto impacto.

Una característica particular de las incubadoras universitarias es que están orientadas a atender a estudiantes con ideas  de negocio que sean replicables y escalables en un corto tiempo, para lo cual es indispensable la definición concreta y correcta de su “propuesta de valor”, que es el conjunto de beneficios para el cliente y la principal razón por la cual los clientes desembolsarán su dinero a cambio de una solución; así como el diseño de un “modelo de negocio”, enfocado a maximizar la utilidad.

Esos dos términos son la base fundamental para poder elaborar un plan de negocios con la intervención de los especialistas en las áreas de mercadotecnia, procesos productivos, administración, aspectos legales y finanzas, principalmente; todo con la intención de reducir el riesgo de fracaso.

Jóvenes emprendedores

De la incubadora de la Universidad La Salle han egresado proyectos que van desde el diseño y producción de ropa juvenil, como el caso de Xamigua,  hasta desarrollo de aplicaciones web de proximity marketing como HappyPoint para establecimientos comerciales que mandan sus ofertas del momento a los celulares de los paseantes que pasan afuera de éstos.

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Otro caso de emprendimiento universitario es Zytreon Tecnología Inifinita, liderado por René Breña Zelonka y Jiill Jiménez Rodríguez, egresados de las carreras de Ingeniería Mecatrónica e Ingeniería Cibernética, respectivamente.

Estos jóvenes emprendedores comentaron que iniciar un negocio ha sido para ellos toda una aventura llena de retos. Recuerdan que siempre quisieron hacer algo que dejara huella en el mundo, particularmente en el país; por ello, quisieron demostrar que México puede generar tecnología innovadora de calidad.

Su perfil técnico los ha ayudado en el desarrollo de sus productos pero saben que un emprendedor debe estar consciente de que necesita un equipo que lo respalde y de conocimiento básicos en varias áreas de estudio. En este punto decidieron acercarse a una incubadora, pues saben que si bien la incubadora no forma las empresas, es un apoyo y logra encaminarlos con asesorías, para pasar de un proyecto a una empresa.  

Como Zytreon Tecnología Infinita, los ahora empresarios señalan que han capitalizado las experiencias como empresa y los consejos que los asesores les brindaron durante su incubación, a fin de tener una mejora continua en su proceso, logrando un servicio que sus  clientes consideran supera sus expectativas.

El reto del primer cliente

La mayor parte de las veces, los emprendedores universitarios piensan primero en el producto y después en los clientes, siendo que, un proceso de negocio que inicia, primero es el problema del cliente y después el producto o la solución a ese problema y en las incubadoras de negocios se les debe orientar en cómo dar a conocer, que se entienda y se venda la propuesta de valor. Es en este punto donde, además de planear, se ejecuta el plan de ventas y los errores más comunes son una comunicación  deficiente, procesos de distribución inapropiados, conformación del equipo de trabajo con integrantes no aptos para desempeñar las funciones de sus puestos, falta de reglas claras en la relación entre fundadores  y empleados, etc y todo esto repercute en la satisfacción de los clientes.

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También es muy frecuente que los emprendedores “productores” no sean buenos emprendedores “vendedores” ni de sus productos (hacia los clientes finales) ni de su proyecto (hacia posibles inversionistas) y sólo esperan que alguien los “comprenda” en su idea de negocio y los apoye. Éste último término es incorrecto para un proyecto de emprendimiento. Lo apropiado es decir que alguien “impulse” su idea de negocio y no quedar a expensas  de una “caridad” que nunca llegará.

Si se tiene la intención  de crear una nueva empresa, es altamente recomendable acercarse a una incubadora universitaria para evaluar la propuesta de valor en una etapa de pre incubación, validar el modelo y plan de negocio en la etapa de incubación y la puesta en marcha en la post incubación. Es necesario informarse sobre las características de sus servicios y el tiempo requerido.

En el campo del emprendimiento existen dos caminos: “la libre”, que es hacer el negocio con sus propios recursos, pero puede implicar más tiempo y sobre todo más riesgo o irse por “la de cuota” que tiene que ver con las incubadora de negocios, mismas que tiene la intención de llevar a los emprendedores a construir un buen negocio con menos recursos, menos tiempo y sobre todo menos riesgo.

Alguien quien accede a los servicios de una incubadora, también accede a un banco de experiencias previas de otros emprendedores, así como de la acumulación de conocimientos por parte de los asesores que laboran en ellas.