Gran Capital, el coworking que nació entre amigos

Gran Capital es un lugar en donde cada partner puede trabajar de manera independiente y en conjunto con otros emprendedores. Es una forma innovadora del trabajo colaborativo dentro de un Penthouse exclusivo. Tres jóvenes emprendedores nos platican su experiencia para aprender a llevar un negocio exitoso entre camaradas. ¡Sí se puede!

 

“Una cosa era irnos de fiesta los viernes o sábados, y otra muy distinta es trabajar juntos”, dice Raziel Fragoso (28 años), quien junto con dos de sus amigos de la universidad emprendieron Gran Capital, un nuevo coworking en la Ciudad de México, con el que dejan atrás el mito que dicta que no debes hacer negocios con tus camaradas.

 
Todo va cambiando, la vida va tomando otros giros, y está padre también poder darle esa evolución a la amistad”, agrega Javier Caballero (28 años), otro de los socios a quien Raziel conoció cuando estudiaron Comercio Internacional en la Universidad del Valle de México (UVM).

 

“Antes, lo mejor que nos podía pasar era salir de antro el fin de semana y ligarnos a unas chavas; ahora nuestros intereses son otros.”

 

“Somos tres cabezas y tres mundos distintos, pero supimos concretar las ideas necesarias para emprender”, afirma René Ramírez (29 años), el último de los tres mosqueteros, también estudiante de la UVM; quien conoció a Raziel en un intercambio escolar en Inglaterra.

 
Hace seis años los tres terminaron la licenciatura, pero fue hace cuatro, mientras René tomaba un diplomado de incubadora de empresas, cuando comenzó a surgir la idea de poner un negocio.

 

La idea tomó forma a principios de este 2016 cuando René y Raziel se sentaron a platicarlo de manera más formal para darle vida al proyecto. Posteriormente, se incluyó a Javier quien, cansado de ser “Godínez”, buscaba invertir en algo interesante.

 
A Raziel una amiga le platicó sobre los coworkings y cuando visitó uno le pareció que podía ser una excelente oportunidad, pues es un concepto relativamente nuevo en México. René investigó el tema y fue así como se empezó a materializar todo.

 
Después de varios meses de pensar en el nombre ideal, uno con el que todos estuvieran conformes; tras reunirse casi todos los días para ver los detalles del diseño.

 

Luego de sortear una que otra pelea; de juntar el dinero necesario y poner fin a los trámites que trajo consigo la renta del penthouse del edificio ubicado en la calle de Niza número 77, en la colonia Juárez; al fin el sueño se hizo realidad y Gran Capital abrió sus puertas al público el pasado 1 de julio de 2016.

 
Se trata de un coworking que nació pensando en aquellos que aún no cuentan con el dinero suficiente para rentar un espacio formal de trabajo, con tarifas accesibles, un diseño urbano y juvenil, servicio de soporte técnico gratuito 24/7 (ya sea a distancia o en el sitio), y un networking diseñado para mejorar la experiencia del emprendedor.

 

De amigos a socios

 

“Esto es como una relación de novios: se requiere de comunicación o todo se lo va a llevar el carajo. Si no hablas de lo que te molesta se va acumulando hasta desatar un problema mayor”, asegura Raziel, mientras los demás ríen al recordar sus amoríos pasados.

 
Javier concuerda y añade que es necesario “entender que no se va a hacer al cien por ciento lo que cada uno quiere. Hay que ceder y trabajar en equipo, siempre viendo el beneficio común para que el negocio avance”.

 
“Tengo amigos que han querido emprender y por no ponerse de acuerdo no lo han logrado”, apunta René, quien piensa que desde el comienzo del proyecto a la fecha se ha fortalecido más la amistad.

 
Parte primordial de lograr un negocio exitoso entre amigos es reconocer los pros y contras de cada integrante, y eso lo saben bien cada uno de los mosqueros de Gran Capital.

 
“René es organizado pero también es necio; Javier es ambicioso y tiene claro para dónde va, pero también es desconfiado”, dice Raziel de sus compañeros, quienes hacen muecas al escucharlo, pero saben que no hay nada que negar.

 
“Raziel puede ser más soberbio, pero también es muy determinado y asertivo”, continúa diciendo Javier sin afán de molestar, recalcando más bien las virtudes de su socio.

 
René, vestido como oficinista, con camisa y corbata, pues tiene sólo un par de horas para regresar a su trabajo Godín, espera su turno y, con la tranquilidad que únicamente brinda la confianza entre amigos comenta: “Javier es más perceptivo y eso ayuda a darle visión a las cosas, mientras que Raziel es muy aventado; yo soy más de evaluar las cosas, por eso nos complementamos bien”.

 

“Es padre la comunión que tenemos. Cada una de las ideas deja una aportación; incluso dejan más las negativas porque con base en eso podemos cambiar y mejorar”, indica René.

 

La clave del emprendimiento

Javier, quien anteriormente trabajaba en una trasnacional, señala la importancia de ir aterrizando cada idea que se plantea y concretarla, a fin de poder avanzar.

 
René, que actualmente es supervisor de promotores a nivel nacional en Telmex, aconseja “definir los tiempos en los que se llevarán a cabo las tareas, además de delegar responsabilidades”, para que todo fluya de mejor manera.

 
Sentados en la terraza, con la vista que regala el PH, Raziel puntualiza:

 

Antes de emprender un negocio entre amigos, para él es indispensable anteponer siempre la amistad al dinero. “Primero está la lealtad”.

 

“Cuando comenzamos, sí platicamos del riesgo que corríamos de salir peleados. Sabíamos que debíamos ser muy maduros, no tomar nada personal y aprender a separar el negocio de la amistad”, concluye Javier.

 

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