El cultivo de autor, un proyecto emprendedor fuera de lo común

Dante Aguilar nos habla sobre Cultivo de autor, un proyecto emprendedor con el que cosecha sus propios alimentos en casa

El interior del edificio ubicado en la calle de Sindicalismo #87, en la colonia Escandón, ofrece un respiro del ajetreo que se vive en la ciudad. Sus dos jardines, junto con sus pasillos repletos de plantas de ornato parecen ser la cura inmediata contra el estrés.

Desde el departamento en la esquina derecha de la planta alta del inmueble, Dante Aguilar saluda agitando la mano; es el creador de Cultivo de autor, dedicado a la creación de huertos urbanos y caseros.

cultivo de autor

Dante Aguilar

Dante viste camisa y pantalón de mezclilla, lleva el cabello largo y usa lentes. Al llegar a su departamento saluda con amabilidad tendiendo una mano e invita a pasar a su hogar. Unas cebollitas adornan el centro de la mesa, alrededor de la cual nos sentamos para platicar sobre su proyecto.

 

Todo comenzó cuando uno de sus amigos le contó que sembraba plantas en su azotea; fue en ese momento, hace 12 años ya, cuando exhausto de su agitado trabajo, detrás de la producción cinematográfica, decidió darle un giro a su vida.

Empezó distribuyendo la vaina de la vainilla, el cacao de Cintalapa, Chiapas, y quesos regionales; entonces el proyecto tomó el nombre de Artefactos comestibles, con el cual conoció a un chef que se interesó por sus productos y lo recomendó entre sus colegas. Fue así como se convirtió en Cultivo de autor.

 

Actualmente mantiene el huerto del restaurante Quintonil, catalogado como uno de los 50 mejores en Latinoamérica, al que también le distribuye parte de sus productos. Próximamente, estará laborando con los restaurantes A de acento y Lorea, este último de nueva apertura.

 

Su cosecha no se parece a la de otros lugares, pues asegura que no siembra nada que de pueda encontrar en el mercado común, fuera del radar de los “35 productos que predominan la canasta básica mundial”.

 

En su huerto, que mide cerca de 100 metros cuadrados, alberga alrededor de 70 variedades de plantas, como espinacas Nueva Zelanda y Malabar, además de shiso, uchuva, cristalina, ajedrea, zanahorias de colores, albahacas de distintas regiones del mundo, rábanos, jitomates, betabeles y hierbas aromáticas diferentes que él junto con los chefs con los que trabaja han ido seleccionando y propagando desde que Cultivo de autor nació.

 

Para encontrar estas extravagantes plantas, Dante se ha sumergido en los mercados locales de varias regiones de México y ha echado mano de la propagación vegetativa o asexual, un método que, a decir del experto, no requiere de semillas, y con el cual ha ido experimentando. “Muchas de mis plantas vienen de una ardua búsqueda, recolección y adaptación”, afirma.

Su huerto se extiende a lo largo del pasillo ubicado justo afuera de la puerta de su departamento. Se observan algunos contenedores movibles a ras de suelo, unos pegados a la pared a una altura media, y otros colocados sobre el barandal de cemento.

Me muestra un jitomate pequeño pero de una gran apariencia, como de aparador; me da a probar lo que parece una fresa de tamaño diminuto con un sabor dulce muy concentrado; me presume la cristalina, una elegante planta que parece haber nacido con el rocío sobre sus hojas, adorno que mantiene por siempre; y me tiende una florecita de color entre lila y azul. ¡Pruébala —me dice— sabe a pepino! Dante no miente, el sabor se distingue con facilidad; es la Borraja.

 

En su departamento tiene en una cajita de cartón unas papas amorfas que cosechó recientemente y aún no ha probado, pues espera primero propagarlas. Las atesora de esa manera porque sabe lo complicado que es sembrar nuevos productos, ya que se requiere de un cuidado constante para que logren sobrevivir a las plagas o el mal clima.

Lo bueno requiere tiempo y paciencia 

proyecto emprendedor

 

Debido a que Dante produce una siembra casera, lejos de las enormes cantidades de una empresa industrial, no tiene cuantificado lo que entrega, pero “es suficiente”, dice. Y es que su trabajo requiere paciencia y tiempo, lo que resulta en productos de calidad que nada tienen que ver con lo comercial.

 

Si bien no cuenta con estudios en este ramo, la experiencia le ha ido dando los conocimientos necesarios para ir mejorando. “Cada planta crece a ritmos distintos y todos los días vas aprendiendo acerca de lo que sucede con cada una. La planta misma da signos y, con su marchitez, su vigor, sus colores y sus manchas, va expresando su estado”.

 

Para ejemplo, platica el caso del Cebollino Xonacatl, al centro de la mesa, que comenzó a propagar hace ocho años con sólo dos cebollitas. Hoy ha alcanzado una cosecha de alrededor de 300 productos de esta especie al mes.

 

Además, Dante agrega que esta labor implica también un tema de preservación de especies, ya que no se deshace de ninguna variedad con la que cuenta sólo por cumplir con una cuestión comercial. “Es un trabajo ético y con consciencia”, menciona.

 

Incluso fabrica sus propios insumos, como fertilizantes a base de lombrices y composta; semillas y tierra. Además, se apoya en algunas comunidades que tienen terrenos más extensos donde puede plantar especies que requieren más espacio, como el jitomate.

 

Cultivo de autor 

 cultivo autor

En su anterior vivienda gozaba de un jardín donde había creado un huerto más grande, de unos 160 metros cuadrados aproximadamente, pero hace un año se mudó a este edificio de la Escandón donde logró adaptar el huerto, trasladando sus plantas a nuevos contenedores.

Este cambio fue complicado, pero fue lo que lo orilló a generar el sistema de cultivo de autor que hoy maneja, con mobiliario específico para crear huertos en medio de la ciudad, diseñado para anular las desventajas que trae poner macetas en azoteas, como el deterioro de la loseta, la impermeabilización y las manchas en el piso. Se trata de prácticas jardineras con ruedas, hechas con una base de herrería.

Los restaurantes donde trabaja tienen ya este tipo de mobiliario diseñado por Dante, luciendo así atractivos huertos en sus terrazas, pasillos, balcones y azoteas.

 

Este amante de las plantas menciona que hoy en día hay mucha gente interesada en el tema de los huertos, desde particulares, hasta escuelas y restaurantes; una tendencia que ha ido en aumento, derivada muchas veces de la decepción que provoca adquirir malos productos.

 

“Sabemos que los alimentos que consumimos están cada vez más industrializados; son más bonitos pero más insípidos, lo que ha llevado a crear consciencia para desarrollar este tipo de proyectos”, dice.

 

Dante no miente y acepta que es caro tener un huerto en casa, ya que es necesario invertir en mobiliario, insumos y en mantenimiento. El costo promedio de planta (a medio crecimiento) por metro cuadrado, es de unos dos mil 500 pesos ya con maceta, tierra y semillas de calidad.

 

A pesar del gasto, sabe que lo vale.

“Debería ser incluso obligatorio tener un número determinado de plantas por habitante. La ciudad requiere de más personas que siembren plantas, del tipo que sea, para regresar un poco del oxígeno que nos robamos y de lo que contaminamos con todo lo que usamos”.

Es en realidad una tendencia emprendedora.

Antes de comenzar, compara…

Dante indica que actualmente hay mucha competencia y aun cuando “está bien porque es una manera de difundir esta práctica”, también hay mucha charlatanería.

“Cualquiera que se pone a sembrar unas lechugas ya se considera experto en huertos urbanos”.

Por ello, aconseja primero conocer el lugar y acercarse a la gente que ofrece este servicio, ver varias opciones para tener un marco de referencia, preguntar, ver las plantas y cerciorarse de que el huerto esté cuidado y sea productivo. “Hay huertos con mayor extensión que el mío y tienen menos producto”, ejemplifica.

Planes a futuro con el cultivo de autor

A mediados de octubre de este año, Dante, quien ha encontrado en las plantas la mejor terapia, abrirá un club de cultivo en Amecameca, Estado de México, donde rentará parcelas desde cuatro y hasta 50 metros cuadrados, para quienes deseen tener su propio cultivo de autor.

 

La idea es diseñar una especie de “paquetes”, con cierto número de plantas de acuerdo a la cantidad de personas en una familia y a las dimensiones del terreno elegido, ya sea que sólo se rente el lugar y los interesados se hagan cargo de todo, o bien, se les dé mantenimiento a las parcelas y se les haga llegar la cosecha obtenida cada 15 días.

 

Es una labor que requiere de paciencia, cariño y aprendizaje, pero afirma que “si tienes una maceta, puedes tener un huerto”, así que ¡manos a la obra!