No basta parecer un buen profesional, para lograr serlo

Si bien el emprendimiento en nuestro país se ha vuelto un tema común en la mente de los egresados de las universidades, los desempleados, los soñadores, los apasionados y los que no tiene un empleo fijo del cual dependan, que podrían representar el 95% de las empresas, no es suficiente para que México salga adelante.

Más del 70% del mercado no ve a los emprendedores como un proveedor profesional de servicios, se sigue pensando que son personas que están “haciendo sus pininos”, cuando, por lo menos en la mitad de los casos, lo que están haciendo es innovar al presentar alternativas más eficientes y efectivas para resolver los retos y necesidades diarias.

El 78% de los emprendedores no sobreviven al primer año y el 98% no superan el 3er año, como resultado de no ser capaces de conectar con el volumen suficiente de consumidores. Si bien es cierto que es resultado de una mala planeación, una pobre implementación, adicional a un seguimiento casi nulo de sus clientes, esto no sólo les conviene o afecta a ellos.

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El futuro de México

En México hablamos mucho de que necesitamos un cambio, de que las cosas no pueden seguir siendo como hasta hoy, además de mil y un frases más con las que despotricamos contra quien resulte responsable, claro menos nosotros, cuando en realidad el primer esfuerzo de cambio y el de mayor impacto es el de los propios hábitos de consumo.

Seguimos consumiendo de empresas que parecen serias, consolidadas y formales, con lo que como sociedad estamos premiando las prácticas tradicionales que tiene al país en las condiciones en las que está, pues cada vez es más evidente que el aparato burocrático de las naciones no son más que representantes de intereses de los grupos de poder profesional, el cual proviene justo del resultado de los hábitos de consumo.

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De modo que la población no consume de la forma más productiva porque eso se puede salir de las prácticas o por miedo a ser mal juzgados y quedar fuera de oportunidades de mejorar su calidad de vida y la de sus dependientes.

Pero es justo ese comportamiento lo que está alimentando las prácticas de depredación ecológica, abuso social y depredación económica de las que se ha alimentado la marginación, la exclusión, así como los abusos que son las principales causas del deterioro de la calidad de vida.

Es tiempo de hacer un alto y ser responsables de que nuestro consumo se ajuste a nuestros principios de vida y objetivos socio-culturales, pero no desde el punto de vista que nos comparte la mercadotecnia y la publicidad, sino de acuerdo a la naturaleza del proceso de producción, la cultura empresarial profesional al interior de la marca y la ética en el manejo de residuos y daños derivados de dicha operación.

Todo esto es imposible de comprobar en las grandes empresas, pero está a la luz en la oferta de los emprendedores, ellos son el motor del cambio pero el consumo es su combustible y su transmisión, por eso los invito a que seamos todos consumidores de los emprendedores.