Bismarck Lepe, el poder está en la estrategia (1ª parte)

Te contamos cómo Bismarck Lepe, fundador y CEO de Wizeline, siendo un mexicano de escasos recursos, llegó a estudiar en Stanford, California, Estados Unidos, trabajó con los fundadores de Google y se hizo millonario con sus empresas

Portada Mayo2017

La primera cita con Bismarck Lepe fue en el vestíbulo del Hotel JW Marriot en la zona de Santa Fe, en la Ciudad de México, al término del Foro México Disruptivo, donde tuvo una participación. Allí, el CEO y fundador de Wizeline, una empresa que brinda soluciones para que el desarrollo de productos de las empresas sean rentables para sus fundadores y a su vez sean atractivos para sus clientes a través de inteligencia artificial, se separó de su equipo por más de una hora para atender a nuestras preguntas.

El segundo encuentro lo tuvimos en el estudio del fotógrafo Alejandro Villalobos, antes del shooting para la portada de esta revista. A esta cita asistió en compañía de su esposa, aprovechando la visita que hizo por vacaciones a México, junto a sus padres e hijos.

Bismarck parece un hombre sencillo, tranquilo e inteligente, y sólo hasta que comienza a platicar, notamos que también es enérgico y que los negocios son parte de su ADN.

Una familia pobre se va al campo

Los padres de Bismarck Lepe, Casimiro y Aida Lepe, son de Huchitlán, un pequeño pueblo de Jalisco. Su mamá venía de una clase media, aunque Lepe nos aclara que “en México no existe la clase media”; ella estudió en la Universidad de Guadalajara, a diferencia de su papá, que no tuvo esa posibilidad, pues se quedó huérfano a los 13 años y se hizo cargo de sus nueve hermanos.

A partir de ese momento, su padre empezó a ir a Estados Unidos a trabajar en el campo, pero nunca perdió de vista la importancia de la educación, por lo que pudo mandar a la universidad a seis de sus hermanos, quienes se graduaron como ingenieros y médicos.

Bismarck nació un año después de que sus padres se casaron; siete años posteriores llegó su hermano Belsasar Lepe, quien se convertiría luego en su socio a la hora de hacer negocios. Si bien su mamá tenía un trabajo estable, decidió laborar en el campo junto a su esposo. Para esta época solían ir a Estados Unidos hasta la temporada de invierno, época en la que regresaban a México.

Cuando Bismarck Lepe cumplió cinco años, su padre reconoció que moverse de un lado a otro no estaría bien para la educación de sus hijos; por ello, se establecieron en Oxnard, un pueblo ubicado al sur de California, donde Bismarck creció junto a su hermano.

Como una respuesta inesperada, Lepe nos dice: “fui a escuelas públicas y terminé yendo a la Universidad de Stanford”. Le preguntamos cómo se atraviesa ese umbral y contesta humildemente: “yo pienso que fue pura ‘chiripada’; cuando estaba en la universidad siempre pensaba que habían cometido un error, pero lo iba a disfrutar y a aprovechar lo más posible”. Entonces, escudriñamos un poco más en su vida estudiantil y encontramos la clave.

Tiger Mom

Los padres de Bismarck Lepe no tenían idea de cómo funcionaba la educación en Estados Unidos, sólo sabían que tomarían la cantidad de trabajos necesarios para darles a sus hijos lo que necesitaran.

“Cuando estaba en segundo año, mis papás ganaron 13 mil dólares, ellos me compraron una computadora de tres mil, me tenían en clases de piano, español y karate. Todo el tiempo trabajaban; cuando llegaba a casa nunca estaban porque tenían trabajos de día y de noche”.

Sus padres no aceptaban nada diferente a ser el número uno en la escuela, “si sacaba una calificación equivalente a nueve, se enojaban”. En retrospectiva, Lepe cree que fue un buen modelo para entrar a Stanford, porque para lograrlo, tienes que ser el mejor. Aunque eran de escasos recursos, Bismarck reconoce que “en cuanto a la educación viví una vida de clase media-alta”.

Bismarck Lepe

Decisión de reyes

En su segundo año de preparatoria, Bismarck se dirigía hacia Los Ángeles para una carrera de atletismo, conducía su entrenador y él iba con otros atletas en la parte de atrás del coche. En el trayecto, su entrenador le comentó: “el siguiente año te tienes que preparar para ver a dónde vas a aplicar. ¿Ya tienes pensado a qué universidad vas a ir?”; entonces Lepe, sin vacilar, le contestó que pensaba ir a una de las universidades públicas como la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) o la Universidad de California en Santa Bárbara (UCSB).

El freno del coche por la carretera 101 debió escucharse hasta Oxnard. El entrenador se detuvo, se volteó hacia él y le dijo: “No, tú tienes que ir a las universidades donde los reyes y los empresarios mandan a sus hijos”. Para Bismarck, la buena educación puede estar donde sea, pero ahora comprende que las personas a las que conoces, suelen ser más importantes que lo académico. “Tienes que ir a Yale, a Princeton, a Harvard, o si te quieres quedar acá, ve a Stanford”.

Bismarck Lepe, un mexicano en Stanford

Bismarck aplicó a todas las universidades que su entrenador le mencionó, lo aceptaron en casi todas, pero la admisión de Stanford fue la primera en llegar. Esta universidad privada, ubicada en Silicon Valley, es la segunda mejor universidad del mundo según thebestschools.org en su reciente estudio.

“En Stanford iba a clases con genios, era impresionante. En Oxnard me sentía inteligente, y al llegar a la universidad me dije: ¿quiénes son estas personas?”.

Cuando Lepe llegó a Stanford le habló a su hermano, quien en ese entonces estaba en sexto año de primaria y le dijo: “esta cosa del internet va a ser grande, tienes que aprender a programar”.

Belsasar empezó a ir a escuelas comunitarias a los 12 años y antes de entrar a la universidad ya era ingeniero en Google. Fue a la Phillips Academy Andover, donde han ido personalidades como George W. Bush, a un boarding school. De educado e inteligente él me gana, pero tenemos caracteres diferentes”, dice Bismarck y agrega: “A él lo encarrilas en algo y se hace el mejor en todo; fue campeón nacional de atletismo con un récord, era el número uno de su clase; si yo era bueno, él era mejor”.

Activando los contactos de Stanford

Uno de los grandes amigos de vida que hizo Bismarck Lepe en la universidad fue Joseph Smarr; fueron compañeros de habitación en segundo año.

Wizeline-Bismarck-Lepe

El papá de Joseph es Larry Smarr, fundador de National Center for Supercomputing Applications (NCSA por sus siglas en inglés, un organismo enfocado a la investigación en el campo de la informática y las telecomunicaciones) Bismarck se empapaba del tema de internet y mientras Joseph trabajaba en WebEx, una empresa que provee colaboración on demand, online meetings y aplicaciones para videoconferencias, empezaron a platicar de ideas y de tecnología.

En primer año, el papá de su compañero de habitación era muy amigo de uno de los primeros inversionistas en tecnología: Fred Warren, quien empezó Brentwood Associates en los 70 como el tercer fondo de inversión de alto riesgo que se creó; el primero fue Sequoia Capital y luego le siguió Kleiner Perkins.

Durante su tiempo en la universidad, Lepe realizó un proyecto con Warren y cuando, más adelante, pretendió salirse de Google, le pidió al papá de su amigo que le volviera a presentar a Fred para pedirle consejos sobre cómo crear su propia empresa. “Lo que me dijo mi entrenador sobre los contactos, terminó siendo cierto”, recuerda Lepe.

Bismarck confiesa que cuando descubrió el mundo de la tecnología poco era el tiempo que tenía para socializar y hacer amistades. “Desde las 2:00 de la mañana hasta las 9:00, trabajaba en startups; de las 9:00 a las 2:00 de la tarde iba a la escuela y regresaba a la oficina hasta las 8:00 o 9:00 de la noche; no fue hasta que llegué a Google que hice amigos para toda la vida”.

El mundo de Google

Bismarck Lepe fue el primer cliente que manejó la cuenta de Google para Elance, que era una plataforma de personal en línea con sede en Mountain View, California, Estados Unidos,  que ahora es operada por Upwork; así conoció a Larry Page y Sergey Brin, los fundadores de Google, quienes además estudiaron en Stanford.

Trabajó con ellos como cliente por dos años y al titularse de su carrera de Economía y Sistemas en el 2002, le propusieron formar parte de su equipo, pues conocía la plataforma más que cualquier otro empleado de Google.

Lepe empezó a trabajar en Google en el 2003; ahí aprendió qué es lo posible:

“Hay muchas empresas que te dicen qué no hacer; en Google se trata de qué podemos inventar”.

Para Bismarck, aunque los procesos se realizan de una determinada manera por mucho tiempo, no necesariamente indica que esa es la forma correcta. “Los negocios cambian, también lo hace la gente y los tiempos; por eso los procesos deben cambiar”, asegura.

De Google a Ooyala

En Silicon Valley los empleados de empresas jóvenes que son ingenieros o están en mercadotecnia reciben acciones a menor precio que cuando la empresa ya está publicada y está facturando en menor riesgo. El precio que pagó Bismarck Lepe por sus acciones en Google fue menor a un dólar, ahora su valor es equivalente a dos mil dólares por acción.

Deben pasar cuatro años para que el 100% de las acciones que da la empresa sean del empleado; cuando Bismarck ya estaba llegando a los cuatro años en Google empezó a considerar a dónde irse y qué hacer.

“Estaba en un punto en el que el valor de estar en Google iba a empezar a bajar porque me dieron acciones muy baratas”.

Lepe intentó buscar otras empresas de tecnología e incluso hacerse inversionista, pero se dio cuenta que Google era la empresa donde más se estaba innovando, por lo que consideró quedarse; eso fue hasta que Google compró Youtube, esto causó un revuelo porque públicamente las empresas de medios decían que Google estaba apoyando a la piratería de contenido profesional. “Aun así, en privado teníamos reuniones con todas esas empresas porque querían aprender cómo usar YouTube y promocionar allí su contenido”.

En ese momento Bismarck Lepe vio la oportunidad de ayudar a esas empresas de medios a levantar sus propios YouTube, por lo que decidió salirse con su hermano y Sean Knapp, su amigo de la universidad, para hacerlo realidad fundando Ooyala.

De Ooyala a Wizeline

Después de siete años, Ooyala tenía inversionistas a la espera. “Era un punto donde teníamos que enseñar el retorno, había dos opciones: hacerla pública o venderla”, comenta Lepe.

En 2010 Ooyala abrió oficinas en Guadalajara y la empresa se vendió por 410 millones de dólares a Telstra de Australia en 2014; ellos siguen invirtiendo en Guadalajara y contratando gente local; para Lepe eso es lo que necesita México, que los emprendedores tengan la experiencia de ver empresas a alta escala y aprendan a hacer productos de alta calidad que se ofrezcan a millones de personas

“En Ooyala, cada día más de 200 millones de personas le hacen play a su tecnología. Para poder aportar este servicio, necesitas tener una infraestructura muy grande y si un emprendedor de tecnología no ha visto esto, no sabe a qué se va a enfrentar”, señala.

Al vender Ooyala, una de las oportunidades que vio Bismarck, es que muchas empresas gastan y desperdician mucho dinero en sacar productos que fracasan en el mercado; ahora ya hay suficientes sistemas que coleccionan información para saber qué es lo que exactamente deberían hacer las empresas. “Entonces dije: hay que empezar una empresa que ponga esa plataforma en servicio, ahora tenemos cientos de clientes globalmente que usan la plataforma de Wizeline para decidir qué productos deberían sacar al mercado”.

¡Va por México! frase-lepe

Para Bismarck Lepe, la tecnología es un instrumento para ayudar a México; por ello se ha creado la Fundación Startup GDL enfocada a dos cosas:

  1. EDUCACIÓN. “Les enseñamos cómo ser millonarios, siendo ingenieros; con más éxito que convirtiéndose en futbolistas, actores (actrices) de telenovela o peor tantito, en sicarios”.
  2. ECONOMÍA. Se ayuda a empresas de 100 a 2,000 personas, startups que están creciendo muy rápido y han encontrado dificultad en contratar gente en Silicon Valley. “Que vengan a Guadalajara. Hemos tenido empresas como Wrike, que es una empresa de 400 empleados; hemos traído a Skycatch a abrir oficinas, además de todo lo que estamos haciendo con Wizeline. La meta es crear más trabajo; para el 2020 buscamos adicionar 20 mil trabajos de alta tecnología a la zona de Guadalajara.