Ahmad Ashkar, el verdadero espíritu emprendedor de Hult Prize

Ahmad Ashkar, el verdadero espíritu emprendedor de Hult Prize

Como periodista es poco común que la historia de algún emprendedor te llegue a sorprender, más cuando entrevistas a docenas cada semana, pero ese no es el caso de Ahmad Ashkar, fundador y CEO de Hult Prize, quien realmente sabe inspirarte con su propia historia.

Ahmad Ashkar, CEO at  Hult Prize

De nacionalidad palestina, con residencia en Estados Unidos, Ahmad Ashkar tuvo que enfrentar las desventajas sociales que representan ser árabe en América.

Durante nuestra entrevista exclusiva nos reveló mucho de quién es verdaderamente y lo que le costó poder llegar hasta lo que es hoy.

“He tenido que luchar por todo lo que tengo, en un principio nadie quería ni siquiera darme una oportunidad”, recordó Ashkar.

Desde adolescente se dio cuenta que debería esforzarse el doble que cualquiera de sus compañeros en la escuela, si es que quería salir adelante.

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Un líder formado a golpes

Durante el high school sintió las desventajas de ser hijo de inmigrantes, y buscó una manera de poder amainarlas. Fue el fútbol americano la herramienta que le permitió aspirar a una educación superior.

Colocándose como el jugador número uno en el estado de Kansas a nivel high school, lo que le permitió recibir una beca completa para estudiar finanzas en la Universidad de Tennessee.

Para la comunidad palestina significó mucho el éxito de Ahmad en ese deporte, pues fue algo “muy loco” su buen desempeño en un deporte donde no había ni un sólo árabe.

Ahmad Ashkar no era lo que se podría considerar como un niño modelo, pero sí como un ejemplo de resiliencia y con habilidades con las ventas. 

“Me especialicé en finanzas y negocios, porque cuando estaba en la prepa solía vender de todo, zapatos, electrónicos… algo de droga, todo por e-bay, necesitaba sobrevivir, sólo tenía 16 años. No tenía nada”, contó un poco reflexivo.

Por su experiencia en ventas decidió estudiar finanzas, tenía el sueño de ser un exitoso corredor de bolsa en Wall Street.

“Me esforcé muchísimo por ser de los mejores, después de graduarme quise buscar un trabajo como corredor de bolsa, pero no pude conseguir un trabajo. Porque en los bancos de Wall Street sólo contratan a la élite universitaria, egresados de Yale, Harvard, y ese tipo de universidades ricas; en su mayoría judíos o de raza blanca”, explicó.

Caminando bajo la tormenta

Después de ver agonizar su sueño de ser corredor de bolsa, entró a trabajar a un banco francés. 

Su primer año ahí estuvo sin sueldo, trabajaba gratis llevándole café y haciendo trabajos insignificantes para lo que él describe como un “gringo ojete”. 

“Me trataba como a un perro, en serio. y me acuerdo que un día dije: -Voy a tener muchísimo dinero y ayudaré a toda la gente que ha estado en esta misma situación”, matizó.

Meses después, su jefe se cambió de compañía y entró un nuevo jefe… un paquistaní. Con él recibió su primer cheque, y su suerte cambió… por un tiempo. 

La habilidad de Ahmad en ventas era muy buena, lo que le llevó de sólo ser quien pasaba el café, a dirigir un equipo de 52 vendedores en ese banco. 

Junto con su anterior, y anónimo ex jefe, inició una nueva compañía, hacían varios préstamos y ayudaban a la gente a poder pagar su casa, aunque no fue mencionado el nombre de la empresa durante la entrevista, se especula se trató de Marcus & Millichap. 

“En esos 6 años me fue súper bien, ganaba más de un millón de dólares al año y todo era estable, hasta que el mercado en Wall Street se cayó durante la crisis de 2008, ahí terminó todo”,explicó.

Después de 2008

Explica que durante esos 6 años se olvidó a sí mismo, y sus raíces; su madre no estaba muy orgullosa de él a pesar de su éxito en la empresa. 

Había optado por gastar mucho dinero en bares, clubs nocturnos, gastando dinero con mujeres y ganando dinero de una manera que no era la mejor.

Ese mismo año, después de que cerraron la empresa, decidió dejar toda su antigua forma de vivir, y regresar a la escuela de negocios.
Ahí retomaría su promesa que se había hecho hace 6 años, al terminar su carrera… ayudar a la gente a que mejore su calidad de vida.

Explica que quería reparar el daño que había hecho en sus años como banquero, quería regresar a sus raíces palestinas.Que como palestinos tienen la costumbre de siempre darle a los que lo necesitan.

“Mientras yo estaba en la escuela de negocios, mi madre me preguntó: –¿Por qué no puedes buscar un empleo donde a la par que ganes un sueldo también ayudes a las personas? Comencé a buscar un trabajo con esos requisitos y no pude encontrar ni uno. Le preguntaba a mis amigos y la respuesta siempre fue la misma ¡No existe!”, detalló.

En ese momento se activó su genio emprendedor y vio la oportunidad de hacer su propia compañía en la que le ofreciera a los jóvenes la oportunidad de crear una empresa que hiciera un bien a la sociedad y que adquiriera un beneficio económico.

“Así empezó Hult Prize… Después de sólo un año la compró un millonario. Recuerdo que después de esa junta salí con una bolsa llena de dinero (100 MDD) y así empezamos. Y lo demás es historia”, puntualizó.


¿Por qué iniciar tu programa en Ciudad de México?

Amo Ciudad de México, es hermosa. La gente es muy carismática, es muy creativa, de hecho la gran mayoría de mis empleados son mexicanos.
Nelly Andrade es mexicana y por mucho es mi mejor empleada; y de cierta forma siento un lazo entre los palestinos y los mexicanos.
Son las personas más parecidas a los palestinos. Si lo pudiera hacer en mi propio país lo haría, pero no tenemos esa libertad.

¿Cuál es tu percepción del ecosistema emprendedor mexicano?

Está muy inmaduro, en las primeras etapas. El mercado no se ha nivelado por eso el ser un emprendedor es algo casi exclusivo para la clase rica del país.
Pero ya llegamos aquí, yo personalmente que vengo de algo muy abajo no me gustan los restaurantes caros, las escuelas caras ni nada de la elite.
Yo trabajo con lo que viene desde el suelo, y es con lo que nos gusta trabajar, Hult Prize no trabaja con los altos directivos de escuelas caras, nosotros trabajamos con lo de más abajo, con los alumnos.
Si dejamos que sólo los directivos de las universidades escojan, entonces ellos escojerán a los niños ricos, a los de cierta familia, y a nosotros no nos gusta eso.

¿Para ti cuál es el elemento que necesita el ecosistema para crecer?

Ellos sólo necesitan más líderes, más modelos de éxito a seguir. Realmente no creo que el dinero sea el problema. 

“Las buenas ideas no necesitan dinero, las buenas ideas encuentran dinero”. 

No creo que sea la solución, deben haber más personas que cuenten historias positivas. No hace mucho en México sólo eran 12 personas, ya hemos crecido en sólo 4 años a 10 mil personas en Hult Prize.

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