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La modelo que se inyectó aceite en el rostro

Durante las primeras diez operaciones, los cirujanos retiraron 60 gramos de silicona, aceite y otras sustancias extrañas de su cara y 200 gramos de su cuello.

21 de mayo de 2013
La modelo Hang Mioku, Internet



Redacción | México DF 
El caso de la exmodelo coreana Hang Mioku es uno de muchos en donde la obsesión por las cirugías termina por desfigurar los rostros. Su cara quedó tan desfigurada al inyectarse silicona y aceite de cocina que ni sus propios padres podían reconocerla.

Hang Mioku se realizó su primera cirugía plástica a los 28 años en Japón y a partir de esa primera cirugía se sometió a 20 operaciones más. Muchos de los médicos se negaron a continuar con tratamientos, pues consideraban que su obsesión se debía a un trastorno psicológico. Tras su regreso a Corea sus propios padres no lograron reconocerla por lo que al darse cuenta de la adicción de su hija la llevaron al médico, pero hizo caso omiso y ella misma se aplicó aceite de cocina y silicona en el rostro.

Este caso fue presentado en la televisión coreana, e incluso se pedía dinero para una cirugía de reconstrucción. Durante las primeras diez operaciones, los cirujanos retiraron 60 gramos de silicona, aceite y otras sustancias extrañas de su cara y 200 gramos de su cuello. Después de varias otras sesiones su rostro quedó muy reducido, pero lleno de cicatrices.

Una nota reciente del diario Daily Mail actualiza la situación de Hang, que hoy tiene 48 años. Aún tiene la cara desfigurada y dijo que le gustaría tener su “antiguo rostro” otra vez. Se encuentra trabajando en una tienda de ropa reciclada, llamada The Beautiful Shop, y recibe ayuda del Estado.

Un problema que va en aumento
Actualmente son muchas las mujeres que recurren al bisturí para cambiar alguna parte que no les gusta de su cuerpo, lo preocupante es el aumento de los casos en que las mujeres llegan a someterse a más de 15 cirugías estéticas. El cirujano plástico Jorge Pedro comenta que son mujeres que generalmente tienen entre 40 y 60 años. Llegan al consultorio sin saber bien qué buscan. Es típico que digan: “Vengo a ver qué me puede hacer”. Perdieron el respeto y la cautela ante el paso por el quirófano y por lo mismo no pueden percibir los riesgos. “Le dices que no corresponde que se hagan tal cirugía, pero insisten. A veces se van a consultar a otros profesionales, y luego vuelven al tiempo para desafiarte”.

Son mujeres que padecen lo que se llama dismorfobia, una patología por la que el individuo no se reconoce ni acepta en el espejo. Siempre quiere ver otra cosa, se opera, se cambia el color de pelo y nunca está conforme. Porque viven comparándose con estándares muy altos y van de cirujano en cirujano. Se caracterizan por criticar siempre al cirujano anterior, comenta la cirujana Mónica Milito.

ocs